sábado, 14 de noviembre de 2015

París



Hay algo que afecta profundamente a mi conciencia sobre los recientes ataques terroristas en París. Me incomoda muy adentro que cuando leí las noticias me sentí angustiado, preocupado, y aunque mi primera reacción fue de preocupación y de querer saber qué había ocurrido, acto seguido me mordí el labio reprendiéndome un poco por sentirme así. Me afecta en la ética, en la moral, estar conmovido por esta desgracia ajena. Me reprendo porque veo los mensajes lanzados por el gobierno de México en respuesta a los atentados, decidiendo mantener encendidos los monumentos históricos importantes en apoyo a Francia. Mi Facebook inundado de notas, análisis y reportajes sobre lo que ocurre en París. Preocuparme me hace sentir muy hipócrita, principalmente porque vivo en México. En mi país ocurren frecuentemente horrores como asesinatos, personas descabezadas, estudiantes golpeados, abusos; hay municipios enteros gobernados tácitamente por la violencia y el narcotráfico; ejecuciones extra-judiciales; fosas comunes –que tienen personas adentro-… Cientos de horrores que seguido me hacen sentirme inerme. Leo los titulares sin parpadear, a sabiendas de que nada de lo que lea es verdaderamente una noticia. En la burbuja segura en la que vivo no hay asesinatos, pero tengo amigos de otros estados. Conozco a personas que viven aterradas y sin ninguna esperanza. Son personas que no viven en otro mundo, sino en Veracruz; un amigo que perdió a varios de sus amigos que alzaron la voz cuando hace unos años Ciudad Juárez era la ciudad con mayor número de asesinatos por cada cien mil habitantes; quiero decir, personas con las que comparto el pan y la tarde. No son distantes. Me conmueve y me frustra mucho escuchar sus historias, porque al ser tan avasalladora la cantidad de casos que encuentro, que leo, escucho, que me rodean, encuentro difícil centrar mi atención a una verdadera tragedia. Cada nueva tragedia es ahogada en un mar de tragedias terribles y menores que difícilmente vemos como propias. Yo también me angustié al saber que habían ocurrido ataques terroristas en París, porque eso es una noticia. Pareciera ser un país pacífico y adelantado en el que esas tragedias son inusuales. La gente ahí está indignada, triste, enojada, asustada… y ahí es noticia.

Siria, Venezuela, la línea de Gaza, Crimea, por mencionar sólo los casos más sonados. Esos lugares son distantes en nuestro imaginario. En el imaginario de un europeo los problemas de los países pobres en los que la violencia es la ley son insignificantes accidentes, pero en su mundo un asesinato masivo es inusual. Lo que me afecta es: ¿por qué diablos pensamos que su mundo es nuestro mundo, pero nuestro mundo, el que vemos en los periódicos y el que viven las personas que conocemos es una bruma que no entendemos y no nos interesa?