Hay algo que afecta profundamente
a mi conciencia sobre los recientes ataques terroristas en París. Me incomoda
muy adentro que cuando leí las noticias me sentí angustiado, preocupado, y
aunque mi primera reacción fue de preocupación y de querer saber qué había
ocurrido, acto seguido me mordí el labio reprendiéndome un poco por sentirme así.
Me afecta en la ética, en la moral, estar conmovido por esta desgracia ajena. Me reprendo porque veo los mensajes lanzados
por el gobierno de México en respuesta a los atentados, decidiendo mantener
encendidos los monumentos históricos importantes en apoyo a Francia. Mi
Facebook inundado de notas, análisis y reportajes sobre lo que ocurre en París.
Preocuparme me hace sentir muy hipócrita, principalmente porque vivo en México.
En mi país ocurren frecuentemente horrores como asesinatos, personas
descabezadas, estudiantes golpeados, abusos; hay municipios enteros gobernados
tácitamente por la violencia y el narcotráfico; ejecuciones extra-judiciales;
fosas comunes –que tienen personas adentro-… Cientos de horrores que seguido me
hacen sentirme inerme. Leo los titulares sin parpadear, a sabiendas de que nada
de lo que lea es verdaderamente una noticia. En la burbuja segura en la que
vivo no hay asesinatos, pero tengo amigos de otros estados. Conozco a personas
que viven aterradas y sin ninguna esperanza. Son personas que no viven en otro
mundo, sino en Veracruz; un amigo que perdió a varios de sus amigos que alzaron
la voz cuando hace unos años Ciudad Juárez era la ciudad con mayor número de
asesinatos por cada cien mil habitantes; quiero decir, personas con las que
comparto el pan y la tarde. No son distantes. Me conmueve y me frustra mucho
escuchar sus historias, porque al ser tan avasalladora la cantidad de casos que
encuentro, que leo, escucho, que me rodean, encuentro difícil centrar mi
atención a una verdadera tragedia. Cada nueva tragedia es ahogada en un mar de
tragedias terribles y menores que difícilmente vemos como propias. Yo también
me angustié al saber que habían ocurrido ataques terroristas en París, porque
eso es una noticia. Pareciera ser un país pacífico y adelantado en el que esas
tragedias son inusuales. La gente ahí está indignada, triste, enojada,
asustada… y ahí es noticia.
Siria, Venezuela, la línea de Gaza,
Crimea, por mencionar sólo los casos
más sonados. Esos lugares son distantes en nuestro imaginario. En el imaginario
de un europeo los problemas de los países pobres en los que la violencia es la
ley son insignificantes accidentes, pero en su
mundo un asesinato masivo es inusual. Lo que me afecta es: ¿por qué diablos
pensamos que su mundo es nuestro
mundo, pero nuestro mundo, el que vemos en los periódicos y el que viven las
personas que conocemos es una bruma que no entendemos y no nos interesa?